La votación que cambió la estiba: ocho años de transformación y nuevos retos en el sector portuario
El Estrecho Digital
El 16 de marzo de 2017 marcó un momento decisivo en la historia de la estiba en España: ese día, el Congreso de los Diputados rechazó la convalidación del Real Decreto-ley 4/2017, destinado a reformar el régimen laboral de los estibadores portuarios. Fue una votación histórica y casi sin precedentes en democracia –solo la tercera vez que se deroga un decreto-ley desde 1979–, que se vivió con intensa tensión en el hemiciclo y fue recibida con euforia por los trabajadores portuarios presentes. El resultado (175 votos en contra, 142 a favor y 33 abstenciones) evidenció la unión de la mayoría de las fuerzas políticas en contra de una medida percibida como impuesta sin el suficiente consenso.
Para los estibadores, aquella jornada supuso una victoria colectiva en defensa de sus derechos laborales, simbolizando la fuerza de la unidad sindical frente a los cambios unilaterales. De hecho, la principal organización de estibadores, Coordinadora Estatal de Trabajadores del Mar, celebró el rechazo calificándolo de freno a un “decreto autoritario que no cuenta con el consenso del sector”, a la vez que instó a abrir “una mesa negociadora seria y rigurosa” con participación del Gobierno. La trascendencia del suceso fue tal que en puertos como Algeciras –uno de los mayores de España– se siguió con máxima expectativa, consciente de que lo que ocurriera en el Congreso tendría impacto directo en su actividad diaria.
El Real Decreto-ley 4/2017 había sido aprobado semanas antes por el Gobierno con el objetivo de liberalizar el sector de la estiba y cumplir una sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea de 2014, que obligaba a España a cambiar el sistema de contratación de los estibadores portuarios. Bajo el régimen entonces vigente, las empresas portuarias estaban obligadas a contratar estibadores a través de las SAGEP (Sociedades Anónimas de Gestión de Estibadores Portuarios), una suerte de bolsa de empleo cerrada, y las propias compañías debían ser accionistas de esas sociedades. Bruselas consideró que ese modelo restringía la libertad de establecimiento y de contratación en los puertos, vulnerando el derecho comunitario.
Por ello, exigió su reforma bajo amenaza de fuertes multas. En este contexto de presión europea, el Gobierno de Mariano Rajoy (en minoría parlamentaria) intentó una reforma urgente mediante decreto-ley, confiando en que el Parlamento la convalidaría. Sin embargo, las circunstancias políticas y sociales dificultaron el apoyo: los sindicatos de estibadores habían anunciado huelgas escalonadas en todos los puertos contra la medida, y varios partidos de la oposición condicionaron su voto favorable a que se garantizase el mantenimiento del 100% del empleo mediante un acuerdo previo con trabajadores y empresas. Al no haberse alcanzado tal acuerdo antes de la votación, la mayoría de grupos optaron por el no
El resultado fue el tumbar el decreto en la sesión del 16 de marzo, algo que sumió a la reforma portuaria en la incertidumbre y supuso un sonoro revés para el Ejecutivo. Inmediatamente tras conocerse el desenlace de la votación, los sindicatos suspendieron los paros que tenían previstos para los días siguientes, al desaparecer la amenaza inminente que suponía la aplicación de la norma rechazada.
Consecuencias y cambios en el sector de la estiba desde 2017
A ocho años de aquella batalla legislativa, el sector de la estiba en España ha experimentado una transformación normativa profunda. El marco legal vigente deriva de las medidas implementadas tras 2017, especialmente el RDL 8/2017 (y su desarrollo posterior, incluido el RDL 9/2019). En esencia, se desmanteló el antiguo sistema de contratación de estibadores a través de las SAGEP, instaurando un modelo liberalizado donde las empresas estibadoras pueden contratar libremente a trabajadores portuarios en el mercado de trabajo, sin la obligación de pertenecer a esas sociedades de gestión.
Para adaptar la transición, la reforma contempló la creación de los Centros Portuarios de Empleo (CPE), unas entidades intermedias que actúan como empresas de trabajo temporal especializadas en estiba. Los CPE pueden absorber a los antiguos estibadores de las SAGEP y ponerlos a disposición de las compañías portuarias que los requieran, funcionando así como bolsas de trabajo flexibles pero bajo la nueva normativa de libre concurrencia.
La legislación fijó un periodo transitorio de tres años (contados desde mayo de 2017) para la adaptación completa al nuevo sistema, durante el cual las SAGEP podían continuar operando de forma provisional. Ese plazo se diseñó con la intención de garantizar la estabilidad en el empleo de los estibadores durante la transición, manteniendo sus derechos laborales esenciales mientras se avanzaba hacia el nuevo escenario competitivo.
En la práctica, esto se tradujo en que no hubo despidos masivos: la gran mayoría de los aproximadamente 6.000 estibadores que trabajaban en los puertos españoles en 2017 conservaron sus puestos, bien mediante su subrogación a nuevos operadores o integrándose en los CPE constituidos en cada puerto. Al mismo tiempo, las empresas obtuvieron mayor libertad para contratar personal externo o eventual si lo necesitaban, pudiendo recurrir a CPE homologados o incluso a empresas de trabajo temporal generales, ahora adaptadas legalmente para operar en la estiba portuaria.
En cuanto a la negociación colectiva, el periodo posterior a 2017 fue testigo de una intensa actividad para adaptar los convenios laborales de la estiba a la nueva realidad jurídica. Tras la convalidación de la reforma, sindicatos y patronal tuvieron que renegociar cláusulas de los convenios en cada puerto para alinearlas con la ley; de lo contrario, aquellas disposiciones contrarias al RDL 8/2017 perderían vigencia al cumplirse un año de su entrada en vigor. Este proceso no estuvo exento de tensiones: en 2018, ante la demora en la aprobación del reglamento de desarrollo prometido, los estibadores volvieron a amenazar con paralizar los puertos por la “inseguridad jurídica” que percibían.
Finalmente, el Gobierno de entonces aprobó en marzo de 2019 el Real Decreto-ley 9/2019, que culminó la adaptación legal del sector. Esta norma dio rango de ley a los detalles pendientes: reguló formalmente los CPE (integrándolos en la legislación de empresas de trabajo temporal), garantizó por ley la subrogación de los trabajadores de las desaparecidas SAGEP y activó definitivamente las ayudas públicas pactadas para prejubilaciones. Con ello, se dio por concluida la reconversión iniciada en 2017, asegurando que el nuevo esquema cumpliera todos los requisitos de la UE.
Posteriormente, en los años 2020 y 2021, se alcanzaron acuerdos colectivos marco a nivel estatal que unificaron las condiciones laborales básicas del sector, proporcionando seguridad jurídica tanto a trabajadores como a empresas dentro del nuevo modelo. En 2022 quedó firmado y publicado el V Acuerdo Marco de la Estiba, que regula las relaciones laborales en los puertos ya con el marco liberalizado plenamente vigente, armonizando la negociación colectiva en todos los puertos españoles bajo los principios de la reforma.
Situación actual y perspectivas de futuro para la estiba en España
Ocho años después, el sector de la estiba opera bajo un marco normativo renovado y, en general, más abierto a la competencia, mientras sigue manteniendo elementos de cohesión laboral fruto de la negociación. En la actualidad, las antiguas SAGEP han dejado de existir como tales: en algunos puertos se han transformado en Centros Portuarios de Empleo o en sociedades de logística de empleo portuario que cumplen la nueva regulación, y en otros casos simplemente se disolvieron al expirar el período transitorio.
Las empresas estibadoras ahora pueden elegir libremente cómo gestionar su personal: contratar estibadores fijos en plantilla, emplear eventuales a través de ETT, o acudir al CPE local para solicitar trabajadores según las necesidades puntuales de operativa. Este esquema más flexible ha permitido una mayor eficiencia operativa en muchos puertos, pues las compañías adaptan mejor sus recursos humanos a las fluctuaciones del tráfico marítimo.
Al mismo tiempo, los estibadores han mantenido en buena medida sus condiciones laborales, ya que los convenios colectivos renovados tras la reforma han seguido protegiendo estos aspectos, aunque introduciendo mejoras en productividad y polivalencia. El equilibrio alcanzado ha sido clave para la paz social en los puertos españoles en los últimos años. Desde 2019, no se han vuelto a registrar conflictos graves o huelgas generales en la estiba; por el contrario, empresas y sindicatos parecen haber encontrado un marco de convivencia donde la colaboración prevalece para asegurar tanto la competitividad de los puertos como el respeto a los derechos de los trabajadores.
Con la emergencia normativa ya resuelta, las perspectivas futuras del sector de la estiba en España giran en torno a consolidar e incluso optimizar este nuevo modelo laboral y operativo. En el terreno normativo, no se anticipan cambios disruptivos a corto plazo, sino más bien ajustes puntuales si fueran necesarios para cumplir con cualquier nueva directriz europea.
Un desafío continuo será mantener el equilibrio entre la flexibilidad empresarial y la estabilidad laboral. Las empresas de estiba demandan capacidad de adaptación en un contexto de cadenas logísticas globales cambiantes, mientras que los trabajadores procuran conservar empleos de calidad y seguros. Este equilibrio deberá reexaminarse periódicamente en la negociación colectiva, especialmente a medida que nuevas tecnologías y la progresiva automatización vayan llegando a las terminales portuarias.
La mecanización avanzada de la carga y descarga –grúas automatizadas, vehículos autónomos en terminal, digitalización de procesos– podría reducir la necesidad de mano de obra tradicional en algunos puertos en el futuro próximo. Ello plantea un reto estratégico: el sector tendrá que abordar la formación y recualificación de sus trabajadores para integrarlos en roles más técnicos, garantizando una transición justa hacia modelos operativos más automatizados. Los sindicatos ya miran hacia este horizonte, buscando anticiparse para que la modernización portuaria no se traduzca en una pérdida de empleo neta, sino en una evolución de las funciones del estibador.
Por otra parte, los puertos españoles encaran la competencia internacional y la necesidad de ser más eficientes; en ese contexto, la reforma de la estiba de 2017-2019 es vista como un paso necesario que les ha permitido ganar en competitividad y atractivo para navieras y operadores logísticos. Ahora pueden adaptar costes laborales con mayor rapidez y contratar personal según la demanda.
Sin embargo, mantener esa posición requerirá continuar el diálogo social: las relaciones entre la patronal y los estibadores deberán seguir basadas en la confianza y la búsqueda de acuerdos, para evitar conflictos futuros que perjudiquen la imagen de fiabilidad de los puertos. Es previsible que en los próximos años las negociaciones colectivas aborden nuevas fórmulas de organización del trabajo, inclusión de más mujeres en un sector tradicionalmente masculino e incorporación de jóvenes bajo el nuevo sistema abierto.
Ocho años después de aquel “no” del Congreso, el sector de la estiba español se ha reinventado normativamente y mira al futuro con relativo optimismo, consciente de haber superado una etapa crítica. Aquella votación de 2017, con su alta carga simbólica, permanece en la memoria colectiva de los estibadores como el catalizador de los cambios que hoy son realidad.